Aunque mantenía los ojos cerrados, todo se veía de color rojo.
No era oscuridad.
Normalmente cuando se cierran los ojos solamente se ve oscuridad y nada más.
Pero no ahora.
Todo estaba recubierto por un manto luminoso de color rojo.
Mi boca tenía todavía el gusto nauseabundo de la combinación de vómito y sangre.
Mi cuerpo estaba adolorido.
Sentí pasos. Alguien se acercaba.
- Esto es todo lo que tenía en su tienda de campaña, en esta mochila. – dijo una voz, que no reconocí en ese momento.
- A ver… -dijo otro – Un cuaderno, unos lápices… Qué es todo esto? Se cree que estamos en la escuela?
Me pareció escuchar que dejaron caer mi mochila al suelo. Entonces alguien me agarró de la quijada y me obligó a mirar hacia arriba.
- Hey! Vos! Pedazo de basura, qué es ésto? – Dijo
Cuando abrí los ojos reconocí a Matsuyama. Me sujetaba la cara mientras me miraba con odio, y mientras balanceaba mi celular frente a mis ojos. Se veía rojo. Todo a mi alrededor estaba resplandeciendo en color rojo. Pero era Matsuyama. No había duda de eso. Se veía furioso. Nunca había visto a Matsu así. No parecía el emo que siempre estaba escribiendo esas poesías terribles sobre vidas desperdiciadas y sentimientos sin valor…
- Que me digas Q-U-É M-I-E-R-D-A E-S É-S-T-O, CARAJO!!! – dijo mientras golpeaba mi celular contra mi cara.
- Es mi teléfono celular, Matsu… -dije con la voz hecha un hilo.
- Matsu? MATSU??? – repitió con furia mientras me sostenía la cara con fuerza. Entonces me golpeó con el celular de un modo que me hizo apartar la cara hacia la derecha. – SOY EL CAPITÁN MATSUYAMA, PEDAZO DE BASURA!!!! – con un revés de su mano me hizo voltear hacia la izquierda. – Esto es para comunicarte con el enemigo, no? TRAIDOR! – Nuevamente me golpeó con todas sus fuerzas. Repitió los golpes un par de veces y se alejó.
- Manténganlo encadenado. Ya vamos a hacer que hable. Va a cantar como nunca en su vida. Maldito hijo de puta, asesino… - continuó diciendo hasta que sentí que salía de aquel depósito de armas o lo que fuera.
Ese tipo no era Matsu. Se veía como él, su voz era como la de él, pero era una persona distinta. Totalmente opuesta a la persona que cursaba conmigo.
Atsushi Matsuyama era un tipo tranquilo, apagado, apático, con tendencias emo y falta total de interés en las cosas que estuvieran de moda. Pero era un tipo inofensivo. Nunca mostraba odio en público, nunca insultaba de una manera tan agresiva, nunca se le hubiese ocurrido siquiera el levantarle la mano a nadie. Ni siquiera era capaz de cortarse a sí mismo con un cutter! Era obvio que ese Capitán Matsuyama no era la misma persona.
El dolor en mi cuerpo era intenso. Intenté relajarme, algo complicado teniendo en cuenta las cadenas que me ataban contra la pared.
No soporté más la situación. Me olvidé por completo de la idea… eh, teoría del Festival Escolar de Arakawa. Esto que estaba ocurriendo era demasiado extremo, no podía ser actuación…Y... y el arma... y el disparo... Kidou...
Rompí en llanto. Hacía tiempo que no lloraba. Nunca había llorado con tanta fuerza, con tanta desesperación. Necesitaba que alguien me explique que está pasando!
En medio de mis sollozos, me pareció escuchar la puerta abriéndose y unos pasos que se acercaban.
No quise abrir los ojos. Estaba seguro que me iban a golpear hasta que les dijera todo lo que sabía sobre el enemigo; su posición, sus secretos, sus líderes, todo. El problema era que yo desconocía todo eso. Iban a golpearme hasta que me muriera. Eso era seguro.
Una mano se posó sobre mi cara. Sentí que acercaba un objeto a mi rostro.
- Qu- querés tomar un poco d-de agua? – dijo aquella persona. Por el tartamudeo y el tono me pareció que era Seto. Abrí los ojos y lo confirmé. Seto también estaba vestido con el uniforme militar, y acercó una cantimplora a mi boca. El agua fresca me resultó deliciosa, como si no hubiera tomado agua en años. Y eso que usualmente paso del agua común, sin gas o sin saborizantes. Pero en aquel momento, era estar en el paraíso. Bebí hasta la última gota. Al fin pude quitarme la amargura de la boca.
- Seto!!! Qué es lo que está pasando? Por qué me hacen esto??? Somos amigos, no??? – dije mientras continuaba llorando, no entendía que era ese escenario tan macabro ni el comportamiento del falso Matsuyama.
- B-bueno, l-la verdad no creíamos que fueras capaz de dispararle al Teniente, Higuchi… No puedo creer que seas un traidor… pero es que… - dijo Seto
- NO! ES TODO UN ERROR! –grité – Sólo estaba jodiendo, no quería matar a Arakawa!!!
- Eso era una joda? Usando una Webley Mark IV? –dijo, con la mirada confusa – La verdad es que no entiendo por qué lo hiciste…
- Es un error, mierda! Es un error, un error, un error… -continué gimiendo mientras mi cuello no soporto más y mi cara apuntó nuevamente al suelo. Al ver sus pies, y aunque estaba todo enrojecido por aquella luz, pude darme cuenta que Seto nuevamente brillaba con un aura intermitente. – Seto…
- Qué pasa, Higuchi?
- Vos… también ves todo enrojecido? Como si un reflector rojo iluminara todo?
- Eh? De qué estás hablando? – Preguntó, sin titubeos, arqueando la ceja.
- Desde que maté a Arakawa, he visto todo enrojecer gradualmente, hasta en este mismo momento veo todo iluminado por una luz roja… No sé que pasa…
- Debe haber sangre en tus ojos – dijo Seto, rascándose la cabeza – O quizás tengas heridas internas, recibiste una buena… Más agua? – me preguntó, acercándome nuevamente la cantimplora.
- Gracias – volví a beber, y noté que Seto nuevamente resplandecía con parpadeos. No sé por qué pero parecía que esa luz intentaba decirme algo. Quizás... quizás sea solo una casualidad pero... tenía que intentarlo – Seto… ayudame a salir… soltame, por favor… -dije, con la voz firme
- Dejarte ir? Yo... N-No sé... N-No me g-g-g-gusta que t-te torturen... Es decir! Te soltaría! P-pero, si nos descubren nos… -tartamudeó-
- No te preocupes, me voy a escapar rápido. Podemos hacer una simulación, como que te golpee y me escapé… Pero te lo juro, yo no soy un traidor. Todo esto es un error…
- Es que… y-yo… quiero ayudarte pero no quiero que me encierren ac-
- Acá? Obvio que no! Yo te entiendo, mierda, obvio que te entiendo! Pero por favor, tengo que limpiar mi nombre, o van a matarme antes que pueda explicarles todo! –dije con mucha furia
Seto tembló un poco. Se limpió el sudor de la frente varias veces, respiró con fuerza, como si estuviera agitado. Me miró por un momento. Se llevó las manos a los ojos, tapándolos y dejando que sus manos se deslizaran sobre su cara hasta la boca, apretaba sus dientes, como si estuviera pensando “Es una locura. Van a matarnos a ambos. Es una locura, una locura!”. Lanzó un suspiro, y finalmente soltó mis cadenas. Seto... no hay nadie mejor que él. Sin dudas.
Recordé por un instante cuando nos hicimos amigos. Antes de eso, siempre era de los que se burlaban de él. Ciertamente, antes de conocerlo bien, era objeto de burla de todos, por su tartamudez. Pero nunca respondió ni dijo nada. Algunas veces fuimos muy crueles. Por suerte eso estaba en el pasado.
Seto es uno de mis mejores amigos. Eso sin dudarlo, y si alguien se mete con él, tendrá que vérselas conmigo!
Una vez que estaba suelto, convencí a Seto de armar una pantomima, haciéndoles creer a todos que me había zafado y que lo había golpeado, de ese modo no se pondrían en su contra. Parecería como que en mi intento de escape, Seto habría intentado detenerme.
Seto accedió, me ayudó a levantarme, me dio algunas armas y raciones “por si acaso”. Pero antes de dejarme ir señaló mi gorra.
- Por qué llevas eso en la cabeza? Intentamos sacártelo mientras estabas inconsciente, pero parece pegada con algo…
- No sé de dónde salió, yo tampoco puedo quitármela… -dije.
- El Capitán Matsuyama cree que es parte del uniforme enemigo… -dijo Seto.
- No sé. No importa eso. Vamos a apurarnos. Estás listo?
- Listo – dijo Seto. Como habíamos acordado, y para que pareciera real, le dí un fuerte golpe en el estómago. Seto se dobló por el impacto y cayó al suelo. Creo que me pasé, pero debía dejar una marca creíble para que se tragaran toda la historia. Seto me dio algunos minutos para que huyera antes de avisar a los demás sobre mi “escape”. Sonrió -con dificultad- de manera cómplice mientras continuaba en el suelo viéndome salir por la puerta. Le di una señal de OK y me fui de allí.
Me acerqué con sigilo a una de las tiendas de campaña. Pude ver a unos cuantos soldados que se parecían a mis compañeros de curso. Esos que suelen pasar desapercibidos todos los días, porque tienen otras amistades, o no les interesa conocerte. Francamente a mi tampoco me importaban. Pero esta vez sus caras eran nítidas. Sabía que eran mis compañeros. Estaba seguro de eso. Eran Amarao y Naoto. Los lacras del curso. Conociéndolos, era mejor evitar que me vieran. Dudo que estuvieran en contra de Matsuyama en este escenario tan increíble.
Estuvieron revisando mi mochila, sacaron los lápices, el cuaderno, otros útiles innecesarios, y algunos papeles.
- Lo único que parecía de valor era el objeto ese que el Capitán confiscó. –dijo Amarao
- Seh… esto parece una mochila escolar. Qué patético. –dijo el otro.
“Objeto ese”. Tampoco sabían lo que era un celular… Igual que en el otro escenario… El de "Stronghold"...
Se entretuvieron un momento garabateando con mis cosas. Uno arrancó un par de hojas del cuaderno y por lo que vi dibujaron unos monigotes en poses sexuales y escribieron algunas palabrotas. Jugaron un Ta-te-ti o algo así. Reían como imbéciles. Luego dejaron todo tirado y salieron de la tienda. Entré cuando me aseguré que nadie me veía y tomé mi mochila y mis cosas. Tal y como habían dicho, mi celular estaba en manos de Matsuyama, o por lo menos no estaba allí. Eso era lo de menos, ahora tenía que encontrar la manera de ponerme a salvo, hasta que mis heridas sanaran.
Guardé las raciones y los útiles en la mochila y salí de ahí. Todo seguía de color rojo. Pero podía ver bien.
Estaba agotado. Caminé sigilosamente por un par de horas. No sabía donde estaba la tienda de Matsuyama, lo cual me molestaba: quería recuperar mi celular. Aprovechando que se estaba poniendo el sol, y que seguían movilizándose para encontrarme, me escabullí hasta una trinchera.
Estaba muy cansado.
Transpiraba.
Estaba agitado.
Me dolía el cuerpo.
Tenía mucha hambre. Así que comí una de las raciones que Seto me dio.
- Un sueño? – pensé, mientras terminaba la ración – Sería lógico si fuera un sueño. Pero… por qué me duele todo? No se supone que en los sueños uno no se lastima? – Terminé de comer.
– Debe ser una pesadilla. – Pensé en voz alta. Al menos la idea del sueño era mas factible que la del Festival.
Me recliné en la trinchera, y poco a poco se me fueron cerrando los ojos. – No… es peligroso… si duermo… y me encuentran… -dije entresueños. Era riesgoso quedarme ahí, pero no tenía fuerzas para moverme.
Mis párpados parecían pesas.
Cerré los ojos.
Toda la oscuridad roja seguía presente…
Un sonido fuerte me despertó. Era una sirena. Sonaba con fuerza. Y sentí mi cuerpo tambalearse de un lado a otro.
- Qué mierd- dije en voz alta. Me di cuenta que estaba sentado en un vehículo que se movía. La sirena seguía sonando con fuerza. Aunque en ese momento no lo noté, todo había recobrado el colorido usual. La oscuridad roja había desaparecido.
- Otra vez durmiéndote en horas de laburo, Ryu? – dijo jocosamente alguien a mi lado. Volteé para ver quién era y encontré a Arakawa, que se reía de mí. Al verlo vivo, actué sin pensar, le di un fuerte abrazo.
- Kidou! Estás bien! Que bueno!!! Sabía que era un mal sueño!!! – Arakawa me apartó.
- Che, che, che! - dijo riéndose – En frente de todos no! – dijo jocosamente y se oyeron varias risas.
- Dale, dale un besito! – dijo alguien.
- Eso eso, piquiiiiito, piquiiiiiito! – dijeron, a coro, otras personas
Cuando miré a mi alrededor, me percaté que había al menos unos 6 tipos más allí con nosotros, todos con uniforme de bomberos.
Estábamos viajando en una autobomba, por eso el ruido de las sirenas. Arakawa y yo no éramos la excepción. Todos éramos bomberos, o eso parecía.
Me recliné en mi asiento. Todos los demás tipos que estaban ahí eran también compañeros de mi curso. Pude notar a Naoto, a Amarao y a Takato, además de Arakawa y yo. Todos hablaban como si fueran personas mayores, con el dialecto típico de un ambiente de trabajo enteramente masculino. Muchos chistes verdes, risas, eructos y demás.
Había mucha camaradería. Por lo que pude ver por el espejo, Matsuyama conducía la autobomba. Luego del incidente del Capitán Matsuyama que me había golpeado e insultado, me pareció que hasta ese Matsu era mucho mas cercano al que cursaba conmigo. Sin embargo, algo me molestaba.
- Cuándo… nos hicimos bomberos? – dije en voz alta, pero tenía mi mirada perdida. Naoto dijo “Cuando me agarraron la manguera!” y se oyeron más carcajadas. Yo seguía mirando al infinito.
- Che, todavía estás dormido, Ryu? – preguntó Arakawa. – Despabilate que tenemos un trabajo grande. Uno grosso. Necesitamos que estés con todas las pilas.
Moví mi pierna un poco y sentí algo apoyado en el suelo. Era mi mochila. Abrí los ojos de par en par.
- Qué trajiste ahí, che? Para qué querés una mochila, pichón? – Dijo Amarao. El tono era algo fastidioso, ya que era uno de los tipos que no me bancaba en clase. Era el tipo de comentarios molestos que hace siempre en clase.
- N-no me acuerdo… -dije. Y se oyeron más risas.
- Para mí que está en pedo –dijo Takato.
Sería un sueño? Lo de los soldados, y lo de la Resistencia contra Stronghold… Sería un sueño en verdad?
Toqué mi pecho. Sentía los magullones de los golpes y las culatas de las armas que me habían dado hace unos momentos. Si era un sueño, por qué tenía esas marcas?
- Por cierto – agregó Amarao – linda gorrita.
Toqué mi cabeza y sentí esa gorra cuadrada nuevamente. Era el único de los bomberos que en lugar de casco tenía puesto una gorra en la cabeza.
La gorra... que no me puedo quitar, y que está presente desde que empezó todo esto...
Por qué soy el único que parece darse cuenta que algo no cierra?
Por qué soy el único que recuerda que todos estábamos tomando las mismas clases hace un par de días?
No podía recordar cuándo me había vuelto bombero, ni cuando me había puesto esa gorra. Todo en mi cabeza solamente mostraba las escenas que había vivido hacía unas horas.
Tenían que ser sueños.
No hay otra explicación… Sería que, ahora mismo, también estaba soñando?
- Estamos llegando, gente! – Dijo Arakawa, y todos lanzaron una ovación. Vi un edifico enorme, todo envuelto en llamas. Era impresionante, nunca había visto incendios como ese, excepto en el cine. Todo esto parecía una película. No podía creer aquello.
- Es el incendio más grande que tuvimos en el año. Así que pónganse las pilas, ok? – dijo Amarao – Y no hagan boludeces, no se mueran al pedo, estamos? Si todo sale bien, después nos bajamos unas buenas birras y vamos a comer nabe por ahí, ok?
La ovación se repitió. Todos bajaron de la autobomba. Yo seguía algo aturdido por toda la situación, trataba de encontrar un sentido a todo aquello. Pero no pude.
- Es un sueño. Seguro. –dije en voz alta – Ahora soy un bombero. En este sueño, soy un bombero... Bueno, entonces vamos a hacer el laburo de un bombero.
- Estás bien, Ryu? – Preguntó Arakawa.
- Sí. Vamos a darle.
Arakawa me dio un hacha y nos dio directivas a todos. Parece que era el jefe de los bomberos.
Todos entendieron sus órdenes y se apuraron a ejecutar su labor.
Yo debía subir por la escalera de la autobomba y meterme por el piso 21 para sacar a las personas de allí.
El incendio se había producido aparentemente en el piso 22 así que debíamos investigar la causa lo más pronto posible.
Otro grupo entraría al piso 21 por las escaleras de incendio del edificio, y los demás intentarían entrar por otros medios.
Un grupo menor se encargaría de ingresar “por la puerta grande”.
Los encargados del edificio (un hotel, por lo que nos informaron) habían evacuado a varias personas, pero aún quedaban muchas que se encontraban presas del pánico.
Subí a las escaleras de la autobomba.
Otro tipo venía conmigo, era Takato, el traga del curso. Era raro verlo en una actividad tan apartada de los libros.
Entramos por el piso 21, en la habitación 206. Habíamos podido pasar rompiendo las puertas con las hachas. Ambos teníamos unos extintores en nuestras espaldas. Con ese look, parecíamos más bien los Ghostbusters.
Takato me ayudó a abrirnos paso entre las llamas.
Mierda, que caluroso que estaba el ambiente. Este sueño me hacía sentir el calor como si fuera real. Tuve que usar mi extintor también.
Las habitaciones de la 202 a la 210 estaban vacías. El resto de las habitaciones se encontraban en el pasillo en el que la acumulación de llamas era menor, por lo que Takato sugirió que nos separáramos.
Él se encaminó a las habitaciones de la 220 a la 230 (el total de habitaciones en ese piso), mientras yo cubría de la 210 a la 220.
Entré a la 215 y allí encontré supervivientes.
Eran Tama, Hirano y Seto. Por un minuto pensé que era demasiado irreal. Bah, toda la situacion en el escenario del futuro y el del ejército lo habían sido de la misma manera: Mis amigos, y algunos de mis compañeros de clase eran los protagonistas de toda la acción. Era una coincidencia increíble. Y en este caso, encuentro tres supervivientes que, justamente, eran de mi círculo de amigos cercanos.
Debía ser un sueño, sin dudas. No podía ser una casualidad tan grande.
Rocíe un par de veces con el extintor, y vi que los cimientos habían caído sobre ellos. Tama gritaba de dolor, Seto y Hirano mantenían un poco la calma pero me pedían que los sacara de allí.
- No se preocupen, estoy acá para ayudarlos.
- Mi espalda!!! Me duele!!! – gritó Tama. Le pregunté si su espalda estaba rota, pero dijo que no, que solamente le pesaba la viga que lo mantenía preso. – Por favor, ayudame!!!
Tras echar un vistazo, noté que Tama resplandecía con un aura blanca. Era como cuando Hirano brilló en el sueño del futuro.
- Aura blanca... eso significa que "está bien" – dije en voz alta. Seto y Hirano me miraban confundidos.
- Podés apurarte? - Dijo Hirano – No podemos quedarnos acá mucho tiempo… El humo y el fuego…
- Si, sí, todo bien, paciencia. – Me acerqué a Hirano y a Tama, tratando de ver como podría sacar esa viga de encima de ellos. Entonces escuché un grito de la habitación contigua. Un grito de mujer. Una voz que me resultó conocida.
Entré en la habitación, pese a que Tama seguía chillando, rogándome por ayuda.
Y allí vi a Kasumi. Kasumi estaba con ellos. Un librero ardiendo cayó encima de ella, estaba atrapada por la pierna.
- AYUDA!!! NO QUIERO MORIR!!! – gritó
- ESPERE UN POCO! –Dije. Sonaba raro hablarle de “usted” a mi novia, pero bueno. Si esto era un sueño, no había problema. Ya una Kasumi del futuro parecía no conocerme así que… Me acerqué a ella y traté de levantar el librero. Tama gritó desde la otra habitación: - VOLVÉ!!! AYUDAME!!! ME ESTÁ DESTROZANDOOOOOOO!!!!
- LAS DAMAS PRIMERO! – grité, con algo de vergüenza. Al tomar el librero en mis manos, las sentí arder, pese a que tenía guantes. Un pedazo de madera ardiendo cayó cerca mío, desde el techo, y me quemó el brazo. Dejé caer el librero nuevamente, y parece que eso le rompió la pierna a Kasumi, quién gritó y me insultó.
- HIJO DE PUTA! QUÉ HACÉS!!! – dijo, y empezó a llorar de dolor.
- Lo siento, calma, ahora la saco de ahí!
Con un esfuerzo sobrehumano levanté el librero y Kasumi se arrastró para salir de ahí. Su pierna estaba quebrada, así que dejé caer el librero y la cargué en mis brazos. Tuve que sujetarla fuerte, porque entre el dolor y la desesperación se retorcía y lanzaba puñetazos que, aunque no eran dolorosos, me impedían moverme con naturalidad entre los muebles.
Enseguida noté que ella brillaba con un aura roja. Tuve un mal presentimiento.
- Vamos, salgamos de acá! –me gritó. Y me dió un par de golpes en la cara. Seguía adolorida por su pierna, así que seguía insultando y gimiendo. – Me duele, la puta madre, me dueleeee!!! Es por su culpa!!!
- Tranquila, ya casi estamos fuer--- en ese instante vimos caer una nueva viga sobre Tama y Hirano. Esa viga ardía en llamas. Algunos cimientos cayeron acompañándola, y aplastaron a mis amigos. Se oían gritos de dolor de Hirano y Tama. Gritos de un dolor intenso, de desesperación. Pedían ayuda y misericordia. la agudeza de sus gritos era demasiado para soportarlo... estaban... estaban muriendo... y yo no podía hacer nada...
La luz blanca que envolvía a Tama se volvió roja y se propagó sobre la habitación.
Nuevamente se veía todo como envuelto por el manto rojo luminoso.
Sentí arcadas. Del mismo modo que en el escenario del ejército.
Los gritos de agonía de Hirano y Tama eran insoportables. Me sentí mareado, pero traté de mantenerme firme antes que pasara algo.
Tenía que evitar que Kasumi y Seto pasaran por lo mismo.
Seto gritó también, pidiendo auxilio. Pero él estaba fuera del alcance de las llamas.
Dejé a Kasumi en el suelo, pese a que se aferró a mí y no quería soltarse. Lloraba por el dolor y la desesperación.
- Voy a ayudar a Seto antes que corra peligro, no se preocupe – le dije a Kasumi, y forcejeé para que me soltara.
- HIJO DE PUTA! INÚTIL!!! -gritó – VAMOS A MORIR POR SU CULPA!!!
Arrojé unas ráfagas con el extintor. Me costaba reconocer las cosas ahora que todo estaba rojo. Era como si de repente las llamas nos envolvieran, pero era solamente el resplandor rojizo que había propagado la muerte de Tama.
Me acerqué a Seto. Estaba aterrado, con los ojos bien cerrados. – Tranquilo – dije – Todo va a estar bien.
Noté que Seto brillaba con el aura parpadeante otra vez.
Esos resplandores siempre significaban algo. Indicaban que algo iba a pasar, o al menos así fue en los sueños anteriores, por lo que me apuré. No terminaba de descifrar que querían decirme.
Al mover los escombros que apresaban a Seto, escuché un ruido detrás de mí. Un resquebrajamiento.
Kasumi estaba sentada en un rincón de la pared, pero detrás de ella se produjo una explosión.
La habitación contigua a esa pared era la cocina, y al parecer una fuga de gas se había producido.
La pared detrás de Kasumi voló en pedazos, Kasumi salió disparada hacia el frente, por la explosión, con su espalda carbonizada, y volando por el aire atravesó la ventana.
El grito que acompañó ese vuelo era agudo, como el chirriar de las uñas sobre un pizarrón. Era dolor, dolor punzante. Kasumi estaba muriendo, eso fue lo que me transmitió el sonido de su voz. Corrí hacía allí, y vi como su cuerpo humeante caía al vacío.
No había podido salvarla…
No había salvado a Kasumi, pese a que le había dicho que lo haría…
No sólo Kasumi. Tama… Hirano… Perdónenme…
Me dejé caer hacia atrás. Desde la ventana donde Kasumi salió disparada se propagó una intensidad roja aún mayor que antes.
Como si todo el escenario me gritara que había hecho todo mal.
Como un cartel de “Mission Failed”, si fuera un videojuego.
Cerré los ojos. La oscuridad roja se mantuvo allí.
Seto se acercó. Me sacudió un poco para que reaccionase.
- Señor… Señor!!! – Dijo – La puerta está bloqueada! No podemos salir! Y las escaleras de incendios se han desprendido!!! Qué hacemos???
- Nada – dije
- Nada?
- Nada. NADA. NADA. NADA-NADA-NADA-NADA-NADAAAAAAAAAAAAAAA! NO PODEMOS HACER NADAAAAAAAAAAA! -grité y golpeé el suelo con mi puño varias veces.
Era mi brazo quemado, pero no me dolía.
Ardía, sí, pero me dolía más el pecho.
Había matado a tres amigos míos.
Otra vez las arcadas. No soporté y vomité en el suelo.
- Señor? Aún podemos…
- NO PODEMOS HACER NADA!!! – dije, y vomité nuevamente. – YO NO SOY UN BOMBERO, MIERDA!!! SOY ALUMNO DE SECUNDARIA!!!
Empecé a llorar. Seto se sorprendió por mi grito, pero al parecer prefirió no indagar... pareció desilusionarse, resignarse... entonces se sentó a mi lado, contra esa pared.
- Vamos a morir? – preguntó
- No.
- Vamos a salir de acá?
- No.
- Y entonces? – preguntó
- Esto es un mal sueño.
- Un sueño? – Dijo Seto.
- Una pesadilla, de las peores que hay. Pero lo bueno es que las pesadillas terminan cuando te despertás.
- En serio?
- Estoy seguro. Perdón por meterte en mi sueño.
Seto brilló con la luz parpadeante de nuevo. Miré hacia el techo. El humo había empezado a acumularse. Escuché a Seto toser. Y también tosí con fuerza. El humo era demasiado intenso. Costaba respirar.
Seto dijo algo, pero no pude escucharlo… Sólo escuché “Sueño”. Dijo algo sobre “sueño”. Quizás estaba fatigado, como yo. Y si nos dormimos, moriremos. Seguro. Pero como es un sueño… no importa…
La oscuridad roja seguía en mis párpados.
Escuché unos gritos. Pero estaban muy apagados.
Alguien me llamaba…
Ryu…
Ryu…
…
…chi…
…hi…
… higu…chi…
-HIGUCHI! – gritó alguien mientras me sacudía.
- Eh? – Desperté bruscamente. Era Seto. Estaba inclinado hacia adelante, mientras me sostenía del hombro. Yo estaba recostado, y de inmediato noté que ya no estábamos en el edificio en llamas. Seto me había sacado de allí?
- Higuchi, son casi las 0600 hs. Tiempo de la emboscada a Stronghold!
Noté que Seto llevaba puesto el uniforme futurista, y yo también lo tenía.
Vi los escombros de la ciudad de la Resistencia.
Y a todos los uniformados marchando detrás de Kasumi. Había vuelto al escenario del futuro
Me senté sobre la cama. Respiré profundo. Toqué mi cabeza con mis manos, y sentí la gorra cuadrada sobre ella.
- Sigo soñando. –dije –
- Bueno, pero mejor que no sigas en tu mundo de ensueños, la misión es importante! – Seto nuevamente parpadeaba con un aura blanca. Lo noté perfectamente, ya que la oscuridad/luz roja ya no estaba presente. Todo se veía nítido. Sin resplandores, sin brillos blancos o rojos tiñéndolo todo.
- Sigo soñando – Repetí. Me palpé el pecho y sentí los magullones – Golpes y culatazos. – Me quité los guantes y vi quemaduras en mis manos. – El librero – Me descubrí el brazo y vi la quemadura. – Los cimientos del edificio…
Me recubrí el brazo y tomé el arma. Tenía la vista perdida. Respiraba profundamente. Estaba agotado. No física, sino mentalmente.
- Pasa algo? – preguntó Seto.
- Nada, Seto. Sólo… sigo soñando…
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