viernes, 31 de octubre de 2014

Capítulo Siete: Triunfante

Aunque mantenía los ojos cerrados, tuve la sensación de que me encontraba en movimiento. 
Escuchaba un sonido fuerte, que me obligó a despertarme. 
Era una sirena.

-   Otra vez durmiéndote en horas de laburo, Ryu? – dijo jocosamente alguien a mi lado.
Volteé y allí estaba Arakawa, riéndose. Llevaba puesto el uniforme de bombero. Miré a mi alrededor, y allí vi al resto de los tipos vestidos de bomberos, esos mismos seis, que aparecieron en mi anterior sueño del incendio. 

-   K-Kidou? - dije

-   No, soy el cantante de Orange Range. Obvio que soy Kidou, boludo! – dijo - Che, despabílate que tenemos un trabajo grande. Uno grosso. Necesitamos que estés con todas las pilas.

Me quedé mirando a Arakawa. Toda la situación parecía muy similar a la que había vivido la primera vez. La que pasó justo después del sueño “Soldados”. Demasiado similar, diría yo. Moví mi pierna un poco, y sentí algo. Allí estaba mi mochila. Tal y como había pasado antes…

-   Qué trajiste ahí, che? Para qué querés una mochila, pichón? – Dijo Amarao, exactamente con el mismo tono de la vez pasada.
Aún no estaba del todo seguro… Solamente tenía que prestar atención a lo que iba a decir Arakawa.

-   Eu… No me oís? Que para qué querés la moch--- dijo Amarao, pero lo interrumpí

-   Eso no te importa. Estamos por llegar al laburo, no?  La mochila no jode… - Amarao cerró la boca. Probablemente no se esperaba esa respuesta tan tajante. 
Arriesgué una pregunta para ver si el sueño era exactamente el mismo de la otra vez   - Arakawa, el laburo es en el Hotel Asagaya?

Kidou se sorprendió momentáneamente, y luego respondió

-   Ex – exactamente, Ryuji… Cómo supiste?

-   Me pareció escuchar el nombre cuando nos despacharon del cuartel… 

-   Bueno! Qué me dicen, gente? Ryu está al mango! – dijo Arakawa, y todos los demás lanzaron ovaciones y se escucharon risas.

No había duda que el sueño era el mismo. 
La situación era exactamente la misma, quizás con algunas variantes. Esta vez me iba a asegurar que todo funcionara bien.
Cometí un error antes, pero ahora sabía que es lo que iba a pasar. Tomé mi cuaderno, y allí busqué el círculo etiquetado como “Incendio”. Le escribí una marca, como un asterisco, y dibujé una flecha desde el sueño “Fake”  hasta el de “Incendio”.
Tenía la oportunidad de hacer bien las cosas esta vez. Entonces Arakawa lanzó su discurso nuevamente:


-   Estamos llegando, gente! –  Y todos lanzaron una ovación.

El  edifico enorme, todo envuelto en llamas, volvía a aparecerse. Era el mismo momento. Exactamente el mismo. Una sensación de “Deja Vu” me invadió. Y Amarao continuó:

-   Es el incendio más grande que tuvimos en el año. Así que pónganse las pilas, ok?. Y no hagan boludeces, no se mueran al pedo, estamos? Si todo sale bien, después nos bajamos unas buenas birras y vamos a comer nabe por ahí, ok?

La ovación se repitió y bajamos de la autobomba. 

Antes que pudiera pensar nada, Amarao agregó:
- Por cierto, linda gorrita.

-   Gracias. – me limité a sonreír. Esta vez estaba seguro de lo que había que hacer, así que las estupideces de Amarao no me importaban.

Nuevamente se formaron los grupos, y efectivamente Takato fue designado como mi compañero. Exactamente como antes.

-   Takato – Pregunté – Estoy algo confundido todavía, me podés decir que día es hoy?

-   Eh? Estamos a miércoles… Por?

-   No, no, no el día de la semana, sino a que día del mes…

-   Ah… 24 de agosto de 2005… Por?

-   No, no es nada. Gracias.

-   Seguro que estas bien? – Preguntó

-   Si, no te preocupes.

Antes de empezar el operativo, anoté la fecha en el cuaderno. No tuve mucho tiempo para reflexionar, porque enseguida nos mandaron a subir por la escalera.
Al entrar al edificio por la habitación 206, recordé que muchas de las habitaciones estaban vacías.


-   Takato, vamos directo a la 215…

-   Eh? Pero y si hay alguien más acá…?

-   Tengo un presentimiento, vamos directo a la 215 antes que pase algo…

Takato me miró con incredulidad, pero me siguió de todos modos.

Nos apuramos a llegar al cuarto 215 y allí estaba la misma escena que antes: Tama, Hirano y Seto, los cimientos que se habían precipitado sobre ellos y algunas llamas alrededor.
Tama se quejaba de dolor (mientras parpadeaba con el aura blanca); Sato y Hirano hacían intentos vanos por liberarse de los escombros.
Con la ayuda de Takato fue más fácil extinguir las llamas de la habitación. Entonces se escuchó el gemido de Kasumi, de la habitación contigua.


-   Creo que escuché a una mujer por acá – Dijo Takato

-   No vayas. Primero ayudemos a estos tres – Dije en un tono muy tajante.

-   Cómo? Te estás escuchando?  Nunca oíste lo de “Mujeres y niños primero”?

Lo miré con una cara muy seria, y luego me acerqué hacia Tama. Intenté levantar la viga, pero era muy pesada.

-   Ayudame de aquel lado, vamos! – Le dije a Takato.

Titubeó un poco, sobre todo cuando Kasumi volvió a gritar con desesperación. Pero finalmente me ayudó, y pudimos sacar a Tama. Luego pudimos liberar a Seto y a Hirano con mayor facilidad, ya que Tama tenía fuerza de sobra.

Luego, entre los cinco, pudimos levantar el librero que mantenía a Kasumi atrapada, y pudo salir sin problemas. Su pierna no estaba rota, como había pasado antes. Solamente estaba desesperada por el fuego. La tomé en mis brazos y nos apresuramos a llegar a la 206 para que pudieran bajar por la escalera de la autobomba.

Primero bajó Kasumi. Estaba temblando pero sacó fuerzas de flaqueza para bajar, para llegar a un lugar seguro. Luego vi a Seto. En efecto, tenía los guantes puestos, aunque imagino que él no los sentiría siquiera… Y, extrañamente, resplandeció un par de veces. Era el brillo natural de los anteriores sueños, el indicador del NPC, solo que esta vez, el mérito del NPC se lo llevaba Takato, que me ayudó, y mucho, a resolver el sueño. 

Luego bajó Tama, y el aura blanca a su alrededor comenzó a intensificarse.  Estaba seguro que todo saldría bien. Finalmente Hirano bajó con algo de dificultad. Al parecer, tenía vértigo. Quién lo hubiera dicho, el alumno más cool del aula tenía una debilidad. Cuando termine con estos sueños, se lo voy a preguntar en el mundo real, a ver si es cierto.

Una vez que estuvieron abajo, Takato y yo seguimos investigando el piso 21 sólo por si acaso, aunque no vimos a nadie más, exactamente como en la primera vez que este escenario tuvo lugar. 

Volví a la 215, sólo para chequear que todo estuviera bien. Entonces noté que en mi bota había un papel chamuscado, pero que se podía leer algo. Era un panfleto o algo parecido. La mayoría estaba quemada, pero se alcanzaba a ver un número de teléfono, parcialmente borroneado por el fuego, y una frase que decía “Únete a nuest---“ (demasiado chamuscada para seguir leyendo) “Liberación para tod---“ (demasiado chamuscada para seguir leyendo).

No entendí muy bien, pero me pareció oportuno guardar la nota. No bien salí de la habitación, los cimientos se vinieron abajo. Anteriormente, Tama y Hirano habían muerto por esos mismos escombros. Ahora estaban a salvo. Y por fortuna, la fuga de gas había sido controlada.

Takato y yo continuamos apagando las llamas del piso 21, nos reencontramos con los demás, y tras una exhaustiva jornada de 6 horas pudimos controlar el incendio por completo.

Nos reunimos todos en la entrada del Hotel Asagaya. Hubo mucha gente que se había reunido a ver los acontecimientos, así como la prensa y los periodistas de la TV.

Takato intentaba convencer a todos de mis facultades extrasensoriales, ya que lo había guiado justo a donde los supervivientes estaban, aunque muchos no le creyeron, y yo pensaba que era mejor así para evitar más entrevistas o confusiones.

 Luego de unas cuantas declaraciones, pudimos dar por terminada la actividad. Cargamos las cosas en al autobomba y fuimos subiendo de a uno. Nos esperaba el festejo con birras y nabe como Amarao  había prometido.

Pero antes de subir, pude ver al grupo de Kasumi, Seto y los demás, ocultos tras unos árboles. Parecían discutir con Seto, por lo menos se los veía muy enojados con él. No entendí muy bien la situación, pero no pude hacer mucho al respecto tampoco. Mi grupo ya se estaba marchando y debía irme con ellos.

Una vez dentro de la autobomba, empezaron las carcajadas, las canciones (más bien tarareos) y los chistes malos. Yo estaba agotado. Habían sido 6 horas intensas. Sólo quería descansar. Me acomodé en mi asiento, y sentí que mis párpados se ponían pesados. Pronto, el bullicio de la camaradería de aquellos bomberos se apagó, mientras todo resplandecía en una brillante luz blanca.
***


Cuando desperté nuevamente, me encontraba bajo tierra.
Bueno, más o menos. Estaba de vuelta en la trinchera del escenario “Soldados”.
Me tomó un momento acostumbrarme al flash que había sufrido por el aura blanca del sueño anterior comparada con la iluminación de “topo” que había en aquél agujero. 


Mi mochila estaba allí, con las raciones y armas que Seto me había pasado antes.  Me di cuenta que exceptuando el cuaderno y mis útiles, objetos propios de cada escenario no aparecían en los otros sueños…  O al menos, las raciones y las armas no estaban en los otros escenarios, pese a estar dentro de mi mochila. 
Ni siquiera el papel chamuscado que había juntado del cuarto del hotel. pero no lo pensé demasiado, parecía que esas eran las "reglas" del juego.

Tenía hambre, así que comí un poco.
Anoté una nueva flecha, desde “Incendio” hasta “Soldados”.  Otra vez estoy en un escenario de los que había fallado anteriormente, sólo que acá empecé desde el momento en que había quedado antes, como pasó en el sueño “Futuro”, y no desde el principio, como para enmendar mi error…


-   Habrá sueños que pueden ser modificados y otros que no, al parecer… -dije en voz alta.

Anoté una “R” en el sueño de “Incendio”. Sueños que pueden ser  repetidos… “Repeat”… Sueños “R”. Este no era el caso.
Entonces escuché unos pasos, aproximándose hacia la trinchera donde me ocultaba.
Tomé una de las pistolas que Seto me había dado, me oculté bien en las sombras de la trinchera y esperé. En un momento alguien se asomó, y le apunté con el arma. Luego del asombro noté que era el mismísimo SEto.


-   N-NO D-D-DISPARES! T-T-T-TE ESTABA BUSCANDO!!!!

-   Tranquilo, me di cuenta que eras vos…

Seto se metió en la trinchera y me comentó la situación. Aparentemente las tropas se movilizaron en dirección opuesta, estaban persiguiendo al enemigo, que se estaba reagrupando estratégicamente.

-   E-e-e-eso te dará a-a-a-a-algo de v-v-v-ventaja, ya que están mentalizados en flanquear al enemigo, no se preocuparán por b-b-b-buscarte…

-   Eso está muy bien, pero aún no puedo bajar la guardia… Además tengo que recuperar el objeto que me quitaron…

-   Ah… E-e-es al-al-algo imp-imp-importante?

-   Más o menos… Simplemente lo necesito.

-   C-cre-creo que sé donde pueden estar tus pertenencias…

Seto brilló nuevamente, era el indicio del NPC . Me señaló la dirección hacia uno de los edificios principales y cómo podía ir hacia allá si ser visto.

De modo que lo saludé, y le sugerí que se alejara para que, en caso de ser descubierto,  no fuera juzgado como cómplice de mi escape, y así no sería castigado.

Asegurándome que no hubiera nadie a la vista, me dirigí presuroso hacia el edificio indicado. La guardia había bajado mucho en el campo aliado, sin duda la movilización para flanquear a los enemigos había sido más importante que seguir buscando a un traidor… Llegué al edificio y entré por una de las ventanas. Tras revolver un poco las cosas sobre las mesas y en los escritorios, encontré mi celular. Seguía sin funcionar por completo, pero pude ver la fecha y la hora…

Según el calendario, la fecha era 23 de marzo de 1942.
No lograba comprender… Había estado en el año 2146, 2023, en el 2009, en el 2005 y ahora en 1942… Estoy verdaderamente haciendo las cosas bien?
Estaba sintiéndome como regresando hacia atrás… Debería haberme quedado en 2009 si las cosas funcionan, y no seguir regresando hacia atrás en la historia… Qué significaban esos años tan azarosos?

Entonces, escuché el sonido de pasos. No era una sola persona esta vez, sino un grupo numeroso. Venían hacia el edificio principal. Venían hacia mí… No de manera tranquila, si no a toda velocidad.


-   Higuchi! Sabemos que está ahí adentro! Entréguese ahora mismo o procederemos a usar la fuerza!

Era la voz de Matsuyama, aquel Capitán neurótico con la apariencia de mi amigo emo…
Algo temeroso, me acerqué a la ventana, y vi a varios soldados apuntando directamente  a la puerta de acceso a donde yo me encontraba. Además, veía que Matsu brillaba con un aura roja. Eso significa que no podría hacerle daño si quiería pasar al siguiente sueño hacíendolo "bien"… No podía arriesgarme a retroceder otra vez…

-    Mierda… por este maldito celular estoy a punto de perder la vida… - Pensé. Después de todo, en los demás escenarios también lo tenía encima. Buscarlo o no había sido una tontería...

Tenía que encontrar la manera de salir de ahí a salvo, sin lastimar a Matsu.  Estaba desesperándome, cuando me pareció ver que el cajón superior del escritorio de aquel despacho brilló por un instante con un aura blanca. Sería el evento? El “Flag” de este escenario?
Así que, revisando en el escritorio, encontré una navaja suiza. Otro resplandor llamó mi atención, eran cajas de madera cerradas, apiladas contra la pared. Tenían varias cargas de municiones y armas.

Tuve una idea, y algunas de las armas que me dio Seto junto a esas cajas y la navaja, podrían serme útiles. Era arriesgado, pero llegado a ese punto...

Mientras llevaba a cabo mi plan, Matsu seguía gritando, exigiéndome que saliera.
Fue entonces que me acerqué a la puerta y le demandé que ingresara a la habitación él solo, para negociar, o que de otra manera me suicidaría llevándome “la información que ellos querían al infierno”… Si, sonó demasiado Hollywoodense…  mientras hablaba, seguía con los preparativos para mi escape.

Tras una breve discusión accedió a entrar. Vio mis botas detrás del escritorio, así que disparó un par de veces intentando darle a mis piernas para evitar que me escapara, pero nunca me alcanzaron sus disparos. Esas botas estaban vacías, las había colocado a propósito para llamar su atención no bien cruzara el umbral, yo estaba escondido detrás de la puerta, y atrapándolo por la espalda, coloqué la navaja en su cuello.


-   H-H- Higuchi??? Que mierd---!!!

-   CALLATE! Y soltá el arma! No intentes nada raro o te corto el cuello! 

-   Hijo de---! No lo harás, no tenés los huevos para hacerlo!

-   En serio? Probá! Solamente tratá de hacer un movimiento sospechoso y te mato! – le dije intentando no ponerme nervioso y evitando que pudiera zafarse.

Matsu forcejeó un poco, pero finalmente la duda lo invadió y prefirió seguir mi juego. Después de todo, en su mundo seguía siendo el que disparó a Kidou a quemarropa.


-   Muy bien… -dijo, y tiró el arma – Qué vas a hacer ahora? – se lo veía transpirar. Estaba temeroso de lo que pudiera pasar.

-   Quiero que les digas a tus hombres que me dejen en paz. Vas a acompañarme hasta que encuentre un lugar seguro.  Y ya sabés, si tratás de hacer algo extraño, te corto la garganta!

-   Está bien, está bien… -dijo

Cuando salimos del edificio central, ordenó a sus soldados que no intentaran hacer nada. Aún sosteniendo a Matsu y amenazándolo con la navaja, los soldados se veían inquietos, esperando a que hubiera algún momento de distracción que me hiciera bajar la guardia. Por suerte aún me quedaba un extra que había preparado en el edificio, sólo para asegurarme… Caminamos a unos pocos metros del  edificio y nos detuvimos frente a todos los soldados.

-   Cuanto más vas a tenerme de rehén, traidor? – preguntó Matsu

-   Un poco más. Sólo un poco más hasta que esté seguro que puedo irme. Ordenale a tus hombres que me traigan un Jeep.

Matsu cumplió con mi pedido. Les exigí que encendieran el motor y se alejaran del vehículo.

Cuando estaba por subir al vehículo, noté que estaban preparando sus armas para abrir fuego en cuanto soltara a Matsu.
Por eso  llegó el momento de la siguiente distracción: llevé rápidamente mi mano a uno de mis bolsillos, saqué un pequeño objeto y apreté un botón. El edificio voló por los aires, provocando que muchos soldados se desplomaran por el impacto o bien se dieran vuelta para ver que ocurría. Antes de atrapar a Matsu había colocado varios explosivos plásticos similares al C4 en el edificio, y eso me aseguraría el escape. 
Esos C4 me los había dado Seto, y colocados sobre las cajas con pólvora, armas y municiones, triplicaron la potencia de los mismos. Si era físicamente realista o no, era lo de menos. Despues de todo, esto era un sueño. La explosión era lo más parecida a una película de acción norteamericana que había visto en mi vida.  
Golpeé a Matsu en la nuca con mi codo, así que cayó al suelo. Subí a toda velocidad al Jeep y me alejé del lugar. Algunos disparos se escucharon. Probablemente los soldados que aún estaban conscientes intentaban detenerme. No lo sé, porque nunca miré atrás.

Finalmente, y al estilo de las películas, en cuanto me alejé lo suficiente, dirigí el Jeep hacía un río, para que no pudieran rastrear mis huellas. Luego de presenciar como el Jeep se hundía en el agua, comencé a caminar en dirección opuesta a aquel río. En el momento en que el vehículo desapareció en el agua, un aura blanca comenzó a brillar en todos lados. Estaba seguro que ya estaba a salvo. Pero aún debía encontrar un lugar donde descansar.

Habré caminado durante horas, sin parar. Gracias a las raciones de Seto pude mantenerme en pie todo ese tiempo sin desfallecer. Y por fin, cuando mi celular marcaba las 23 horas, había llegado hasta un poblado. Me deshice de mi chaqueta de soldado para no inspirar temor, y lo mismo hice con mis armas, ocultándolas en un callejón.
Me dirigí a una posada, y allí encontré a unas personas que se veían como mi Mamá y como Mayu, aparentemente esa señora era la dueña del local.

Sonaba raro el dirigirme a mi madre tratándola como si fuera una extraña, pero no tenía opción. Terminé contándoles que había llegado sin dinero ni comida, por lo que me ofrecieron el pasar la noche ahí, y yo a cambio ofrecí trabajar para ellos para pagarles el favor. Aceptaron gustosamente, así que me di un baño, y me puse un uniforme del local.

Ayudé a servir la comida para los clientes y a preparar algunas habitaciones, así como a trasladar el equipaje de algunos recién llegados,  hasta que no pude más y me excusé para irme a dormir.

Me dieron una habitación para empleados y allí me acomodé. Las cosas habían salido muy bien.
Es probable que de no ser un sueño ese tipo de estratagemas no hubieran funcionado… pero no importa.
Finalmente estoy a salvo.
Y el cansancio estaba venciéndome, por lo que me recosté, y envuelto en ese aura blanca, comencé a dormirme de nuevo…


***


Nuevamente  me desperté con la sensación de encontrarme en movimiento.
Miré a ambos lados. Estaba en el asiento trasero de un auto, a mi lado se encontraba Matsu, amordazado, y a su lado estaba mi padre.
Se repetía el sueño de “Mafia”, desde el comienzo.


-   No puedo creer que te sigas durmiendo… Ya te despertaste? – preguntó mi viejo.

-   Perdón, papá… Estaba algo cansado y me quedé dormido…

-   Ojalá y pudiera tomarme las cosas tan a la ligera como vos. Espero que no arruines las cosas con tu pereza, me escuchaste? Y por favor, sacate esa ridícula cosa de la cabeza!

Papá se repetía. La misma situación que antes. Entonces, “Mafia” es un sueño “R”… Implicaba que en este sueño debía de evitar que Matsuyama muriera.

-   No te preocupes, papá. No va a molestar en lo más mínimo. – dije apuntando a mi gorra con el dedo índice.

-   Hmmm… - respiró con fuerza y se quedó mirando hacia la ruta. Era el mismo paisaje desértico y alejado de la vez pasada.

Miré de reojo a Matsu, retorciéndose y tratando de rogar por su vida. 
Miré hacia el asiento delantero, seguro que allí estaba mi NPC, Seto, como la primera “visita” que hice a este sueño…

Saqué el cuaderno y anoté una letra “R” al círculo “Mafia”. La flecha ahora salía de “Soldados” y se comunicaba con “Mafia”. Aún siguiendo la lógica del espiral, era algo bastante confuso.


-   Seto, me podrías recordar que día es hoy? – pregunté

-   Eh? Es-estamos a veintidós…

-   Veintidós de…? 

-   … D-de Enero…

-   … de que año?

-   ESTÁS IDIOTA O QUÉ? – interrumpió mi viejo – 1925!!! ESTAMOS EN 1925!!!

-   Perdón, estoy algo dormido aún…

1925… Estoy seguro que la apariencia de este coche, de nuestra ropa y sobre todo de las armas que tenemos no son de 1925, se ven demasiado modernas… Pero en fin, yo desconozco mucho de la época de la Ley Seca, y sobre todo de la cultura norteamericana… como siempre, era solamente un sueño, así que le permitía algunos errores como este…

Rápidamente anoté la fecha. Realmente parecía que los años estaban yendo hacia atrás… Alejándose de 2009, que era cuando debía despertar...
Pero estaba resolviendo todo de la manera correcta, no?
La escritura de “BLANCO = BUENO; ROJO = MALO” en mi cuaderno lo suponía así.
Pero…Volvería alguna vez a la época del 2009, en la que soy un estudiante?

Lo único que quiero es despertar de una vez… No entrar en un sueño que simula ser mi vida normal…
Por lo pronto, debía encontrar una manera de terminar con este sueño sin que Matsuyama se muera, o de lo contrario quizás retroceda aún más… Es posible que pueda usar mi NPC para salir de esta…


-   Ya estamos llegando. – dijo  Seto.
  

-   Muy bien – dije, guardando el cuaderno en mi mochila. – A trabajar, no papá?

 -   A trabajar – dijo mi padre, y me dio una pistola.

Matsuyama se empezó a agitar, y movía sus hombros tratando de zafarse. Justo como la vez anterior.

-   Los que traicionan a La Familia… - dijo mi padre

-   … deben desaparecer… - agregué yo, ante la mirada sorprendida de mi padre. Luego me pareció ver que sonreía un poco, con orgullo. Pero fue por un momento. Luego retomó su expresión hosca.

Bajó del auto llevándose a Matsuyama a la rastra. Nuevamente lo colocó frente al lago, lo obligó a arrodillarse y sacó la botella de licor de su bolsillo. Creo que era Whisky.
Bebió un trago y volcó el resto sobre Matsu, que seguía retorciéndose y gimiendo, implorando perdón con sonidos apagados bajo la mordaza.

-   El Don odia a los putos soplones, Matsuyama. Si El Don los odia, nosotros los odiamos. La única manera de que El Don se calme, es haciendo limpieza. Entendés lo que digo? – Dijo mi padre. Era el mismo speech de la vez pasada. 

Yo simplemente me limité a ver. La primera vez tenía una sensación de angustia muy fuerte, al ver a mi padre amenazando a quien fuera uno de mis amigos en el mundo real. Esta vez, asentía con mi cabeza, del mismo modo que lo hacían Seto y el chofer del automóvil. 
Tengo una idea de cómo sobrevivir a este sueño. Es riesgoso, pero también lo había sido lo de la navaja en el escenario de los Soldados... si de verdad creo en mi NPC, estoy seguro que todo saldrá bien.

Pero para intentarlo, debo continuar con esta pantomima.

-   Matalo – Dijo mi padre, y me apuntó con la botella vacía. 

-   Sí, padre. –dije mientras cargaba el arma. Mientras miraba a Matsu a los ojos, que estaban inundados de lágrimas, y viendo como intentaba gritar pidiendo clemencia a través de esa mordaza, también observé a mi padre. Estaba de brazos cruzados, asintiendo con su cabeza, mostrando una expresión de orgullo que nunca había notado en el mundo real.
El chofer tenía sus manos detrás de su espalda, casi como si estuviera por cantar el himno o algo así. 
Seto miraba toda la situación, con una expresión medio nerviosa. Era natural en él. Mafioso o no, es seguro que era un buen tipo.
No bien pensé en eso, tuve un extraño flashback. De cuando nos burlábamos de la tartamudez de Seto antes de conocerlo bien. La expresión del Seto Mafioso, y del Seto que era objeto de mis burlas, era idéntica. Por qué había recordado eso ahora?

-  RYU! - Mi padre me sacó de mi trance. Levantó su palma como diciéndome "Dale". Asentí con mi cabeza.

-   Lo que dijo mi padre es verdad, Matsu… No nos gustan los putos soplones… Vos… sos un puto soplón?

Matsu negaba con su cabeza a gran velocidad. Gemía un “NO, NO, NO!!!” debajo de la bandana que recubría su boca. Era una escena lamentable. Y el aura roja se empezó a propagar a su alrededor. Ya sabía que él no es el objetivo, pero debía seguir actuando.

-   Sí, si lo sos, sabemos que sos… - dije, y le apunté a la cabeza.

Matsu cerró los ojos con fuerza.
Mientras apuntaba, varios flashbacks me vinieron a la mente. Pero no sobre Seto, sino sobre el mismo sueño en el que estamos ahora.

De cómo mi viejo se desesperó la primera vez…

De cómo me insultó…

De cómo le colocó a Matsu los pesos en los pies para arrojarlo al río…

De cómo me golpeó, con su arma, con sus pies, con sus manos…

Cuando gritó “VINE HASTA ACÁ CON MI ESTÚPIDO HIJO PARA VERLO MATAR A ESTA MIERDA!

Las escenas se repetían constantemente, una tras otra. Ese tipo que se veía como mi padre, todo sacado, insultándome, humillándome, maltratando a mi amigo…

Eran escenas fuertes, pero me ayudarían… Necesitaba aquello. Aquel sentimiento de amargura cuando salí el lago la primera vez, y él con su gesto inmutable me dijo “Vos lo hiciste. Vos lo mataste

Pude sentir como mi ceño se fruncía. Mi mano con el arma temblaba.

Nuevamente mi padre golpeándome. Y diciendo “ Lo que faltaba. Ahora te hacés el loco…  Yo trato de que El Don no te haga nada… y vos seguís tentando tu suerte, pedazo de mierda!

Otra golpiza más. “Si no fueras mi hijo… esas balas… esos disparos… HUBIERAN SIDO PARA VOS!

Mi mano tomó el arma con fuerza. Me corría algo de sudor en las sienes. Mi respiración se aceleró.

Es por tu bien. Por el de La Familia. No vuelvas a ponerte en mi contra.

Apreté los dientes.

No vuelvas a ponerte en mi contra.

Cerré el puño con fuerza.

NO VUELVAS A PONERTE EN MI CONTRA

Giré hacia donde estaba mi padre. Fijé la mirada en él. Apreté el gatillo. Y un sonoro disparo perforó su pecho.

Su traje, todo blanco, inmaculado, empezó a teñirse con su sangre.

Una expresión de sorpresa en su rostro, combinada con dolor y decepción se apagó cuando disparé por segunda vez. Esta vez de lleno en su frente.

El cuerpo de esa persona, que mi sueño me hacía creer que era mi padre, se desplomó en el suelo.

Volteé y vacié mi arma contra el chofer. También estaba sorprendido, y no reaccionó a lo que acababa de ver, por lo que no le dio tiempo de sacar su arma.  Cayó al suelo cuando las  balas restantes en mi arma se encontraron con su cuerpo.

Quedaba Seto, que no podía moverse por la impresión. Mafioso o no, seguía siendo Seto.
Me acerqué a Matsuyama y lo desaté.


-   P- p- por qué? – preguntó con dificultad cuando le quité la mordaza.

-   Porque estoy seguro que no sos el soplón que El Don está buscando.

-   G-gracias… muchas gracias… te debo mi vida… - dijo, recuperando el aliento

-   ALTO!!! – gritó Seto, apuntándome con  su arma. – T-t-te das cuenta… d-d-e lo que hic-hic-hiciste??? MATASTE A TU PADRE!!!!

-   En serio? – Dije, con cierto dejo de ironía, y sobre todo, como un verdadero pendejo – Bajá el arma, Seto…

-   N-N-N-NO TE MUEVAS!!!

-   Bajá el arma Seto… -repetí, mientras me ponía de pie y ayudaba a Matsu a levantarse.

Seto temblaba. No podía mantenerse tranquilo. Seguramente no podía creer lo que había pasado.


-   Seto… Bajá. El. Arma. –dije

Acto seguido, se desplomó en el suelo. Tiró su arma y empezó a llorar.

-   Si El… s-s-s-si El… S-s-s-s-si El D-d-d-d-d-Don… s-s-s-s e… se entera…!!!

-   Este no es el soplón, Sato. Estoy seguro que no.

Matsuyama intentaba decir algo, pero no podía articular bien. Estaba en un estado deplorable. Lo ayudé a subir al auto.


-   Seto, me voy a encargar de Matsuyama. Te sugiero que te vayas de acá antes de que la policía se aparezca, o peor, algún contacto de El Don lo haga. Te voy a ayudar a encontrar al verdadero soplón, pero por ahora es mejor desaparecer. 

-   ERA TU PAPÁ, HIGUCHI!!! – gritó Seto, entre sollozos, increíblemente sin tartamudear.

-   No. No era. – dije. – Querés que te deje en algún lado?

-   N-n-no… voy… voy a… voy a estar bien…

-   Bien. Ciao.

Me alejé de allí en el auto con Matsuyama. Un aura blanca brillaba a su alrededor y empezó a impregnarlo todo. 

No recuerdo bien cuanto tiempo conduje ese auto, pero fueron varias horas.
Entre el sueño de los Soldados y este de La Familia, sentía que me había pasado el tiempo escapando…
Dejé a Matsu en lo que parecía ser mi guarida personal. Un sitio de mala muerte, llena de gente sospechosa, pero que me respetaban y que yo parecía conocer muy bien.
 Era una extraña sensación, pero allí me sentía seguro. Allí se encargaron de vigilar y cuidar a Matsu, prometieron hacerse cargo de él hasta que estuviera bien de nuevo. Eso me tranquilizaba.

Yo simplemente me retiré a mi habitación, me recosté y me quedé mirando mis notas. No parecía encontrar un patrón en esas fechas… es decir, 1925???... Menos mal que es un sueño. Todo esto es demasiado exhaustivo… 

La imagen de mi padre se apareció en mi mente. De mi padre mafioso. Gritando, insultando, golpeándome…
Y luego la imagen de mi padre, el de la vida real. Mirando su diario. Mirando la TV. Jugando con Mayu…
Y entonces, el disparo. Primero en su pecho. Luego en su cabeza.

Si es un sueño… por qué es tan real? Por qué… papá?

Unas lágrimas salieron de mis ojos, y como un niño asustado, me cubrí con las frazadas. Como un niño asustado, empecé a llorar.

Todo brillaba con luz blanca.

Blanco significa bueno…

Pero no significa que tenga que sentirme bien…

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