lunes, 18 de agosto de 2014

Capítulo Uno: Veinte Días Atrás

El radio-reloj había empezado a sonar. 
Estaba programado para arrancar en una emisora en particular. Estación Go-kuraku. Un juego tonto de palabras para un programa igual de tonto. Dos tipos jugando al Go. No es algo que me guste pero al menos solía hacerme salir de la cama rápido. Para apagarlo, claro.
No era sólo la radio, también la alarma de mi celular sonaba fuertemente, la canción era de un anime que estaba viendo recientemente. 
Y también el reloj despertador a cuerda estaba sonando, en sincronía con los otros. Siempre fui bastante duro para madrugar. Así que me aseguraba tres o cuatro alarmas para llegar temprano a clase.

Tras apagar los tres dispositivos de alarma, miré en la fecha marcada en el radio-reloj. 

Era Lunes, concretamente el 12 de octubre de 2009. 
Día escolar, por supuesto, y razón por la que me encontraba madrugando en este momento. Odio madrugar, y usualmente cuando lo hago entro en un debate interno preguntándome por qué debía estar despierto tan temprano. Debía haber una razón. De lo contrario solamente me recostaba y continuaba durmiendo... si, ya quisiera yo...

- Ryu-chan! Estás despierto? Vas a llegar tarde! -se escuchó escaleras abajo. No importaba la cantidad de alarmas que pusiera, mi mamá siempre tenía que asegurarse que estuviera levantado y listo. Desde que era pibe.


- Sí, má! Ahí bajo! -grité en una tonada algo burlona. Como cuando era pibe.


Bajé de prisa. Iba vistiéndome apurado para llegar a mi taza de café. No puedo empezar el día sin mi café.

Allí en la mesa del comedor estaba mi viejo -con el diario tapándole la cara como es usual-, mi hermanita Mayu y mi mamá.

- Buenos días, Ji-chan! -dijo Mayu. Papá solamente emitió un "Hmmm" como intentando articular un saludo mientras seguía leyendo la sección de Economía. 

Como odio la Economía... 
Y Mamá me miraba sonriendo. Era natural que se pusiera contenta cuando no le daba problemas para despertarme.

- Ya te dije que no me digas "Ji-chan", enana! -Dije palmeando la cabeza de mi hermana - Decime "Ryuji", "Ryu" u "Onii-chan", pero no "Ji-chan" que parece que le hablaras a un viejo!


- Pero "Ji-chan" es más lindo! -Dijo con la cara llena de mermelada.


- Bueno, todo bien... Es muy temprano para tratar de ganarte una discusión... -le dí un gran sorbo a mi café y sentí de inmediato que volvía a nacer. Mordí una tostada y me apuré a anudar mi corbata y salir hacia la puerta de casa


- Ryu! Ya te vas? No vas a comer nada más? A ver dejame a mí... -dijo mamá acomodándome la corbata


- Si, má, dale que sino me pierdo el colectivo! Y no tenés que arreglarme la corbata, ya estoy grande!


- Eso decís vos... -agregó- Ningún hijo mío se va a presentar a clase como un vagabundo!


Otra discusión perdida. Cuando ya parecía satisfecha, me apuré a salir antes que notara que no me había peinado. Saludé a todos.

Mayu me llamo "Ji-chan" de nuevo y papá emitió otro "Hmmm" más largo, como si fuera un "Hasta luego". Mamá sólo saludaba con su mano y no entró a casa hasta que me perdió de vista. Siempre lo hacía. Desde que era pibe.




Llegué lo suficientemente temprano a la escuela como para charlar un poco con mis amigos.

Arakawa, el delgado de lentes como culos de botella. Cualquiera pensaría que con sus lentes puede ver la superficie de Saturno desde acá. Y de día.
Tama, el gordo bajito, con su peinado de corte taza. Alguna mina le tendría que decir que le queda mal... a nosotros no nos haría caso aunque se lo tatuáramos en la frente.
Hirano, el fachero. Se debe haber comido a la mitad de las chicas de la escuela. Y a la otra mitad... también...
Seto, el tímido. Mi mejor amigo. No hay nadie mejor que Seto. Pregúntenle al que sea, y les va a contestar lo mismo.  
Matsuyama, el emo. Aunque lo niega siempre está de bajón, soltando sus frases melancólicas y su odio a haber nacido y bla bla bla. Escribe poesías muy malas, pero nadie se lo dice por miedo a que algún día se termine suicidando... En serio.
Y yo. Ryuji. El que siempre llega tarde, el que siempre está somnoliento, el tipo que duerme en clase.
No somos lo mejor de la escuela.
Tampoco los amigos más originales de Japón. Pero la pasamos joya.


Era común empezar el día escuchando las anécdotas de Hirano, contándonos como estuvo su última mina. Le gustaba dar una perorata como si nos estuviera enseñando a cómo tener una novia. Técnicamente él tampoco tenía una, pero era al menos entretenido escuchar su tono ensimismado. 

O de esperar a que Matsuyama cruzara la puerta y dijera un "Hey...” todo apagado, para luego cruzarse de brazos sobre su banco y murmurar porqué sería mejor si él no hubiera nacido...
Seto nunca decía nada. Siempre esperaba a que otro empezara a contar algo, y luego se incorporaba a la charla. 

Esta vez la charla empezó algo distinto a lo usual. En esta ocasión el que llegó más tarde no había sido yo.

Hirano apareció con gesto algo más serio de lo usual, tomó una silla y se sentó frente a mi banco. El resto estaba de pie al lado mío. Todos esperábamos que nos contara algo de lo que hizo con Kasumi. Pero no. Me apuntó con el dedo y dijo:

- Vos.


Lo miré extrañado.


- Vos -repitió- Ella gusta de vos...


Intenté digerir la idea de que Hirano había sido rechazado. Más aún, que quién lo rechazó me había elegido a mí! No era algo típico, no suelo destacar por nada, o al menos me pareció que no había ninguna razón por la que alguna chica se fijara en mí en lugar de Hirano... pero... me lo estaba confirmando él mismo!

Traté de no sonreir, pero no pude. Hirano me miró con una cara muy fría, luego miró al pizarrón y dijo

- Sólo porque nos llevamos bien, te la voy a dejar pasar... -agregó mientras hacia ademanes de mi sonrisa con sus manos- Invitala a salir, Ryu. Estoy seguro que va agarrar viaje...


Estábamos algo shockeados. Creo que los demás por el hecho de que Hirano había sido rechazado. 

Yo lo estaba por el hecho de haber recibido una declaración indirecta.

- El amor es sólo un instrumento que crearon los seres humanos para evitar que la gente se suicide, justo como la religión... - dijo Matsuyama sin levantar la cabeza de su banco.

Tama se reía y me codeaba en complicidad. Arakawa miraba fijamente a Kasumi, y se sonrojaba. Seguramente le daba envidia que ella gustara de mí. Sueno arrogante, lo sé, pero es que Kasumi es increíblemente linda.
"Qué suerte tengo!" Pensé.
Seto temblaba un poco, y tartamudeó cuando por fin abrió la boca. Seto tiende a tartamudear cuando está nervioso, lo cual es objeto de burla por muchos de los compañeros de clase. Admito que yo también lo cargaba mucho antes de conocerlo bien...

- E-es-estás seguro? 


- Obvio, gil! Ella me rechazó a MÍ! Yo estaba ahí cuando lo dijo, idiota! -dijo Hirano algo alterado. Supongo que se sentía mal. No era normal que una chica le dijera que no...

Seto se encogió de hombros y miró al piso. Luego dijo:

- R-r-Ryu... C-c-creo que n-no es prudente que te mandes as-así de una... P-p-podría ser una joda y terminarías l-lastimado...


Una joda? De quién? Kasumi? por qué lo haría? Hirano? de nuevo, por qué lo haría? No le encontraba razón alguna ni pensaba detenerme a buscarla: No importaba que tan buen amigo mío fuera Seto. Era Kasumi. KASUMI. La que había dicho que gustaba de mí era Kasumi. No voy a desaprovechar la oportunidad. Ni a ganchos.

Me acomodé un poco el cuello de la camisa y me sacudí el polvo del uniforme. Me puse de pie y sin mirar a Seto dije

- Si no pruebo, nunca me voy a enterar. Si me rechaza va a estar todo bien, Hirano se va a sentir un poco mejor, no?


Hirano no dijo nada. Ni siquiera me miró. Quizás quería demostrar que no le importaba, pero la cara ofuscada tan inusual decía todo lo contrario.


- Y si te acepta? -Dijo Tama-


- Yo ya dije que se la dejo pasar... -Dijo Hirano. Y se volvió a su asiento-


Por un momento dudé. Pero entonces caminé hasta el banco de Kasumi. Podía escuchar los latidos de mi corazón en mi cabeza. No porque estuviera perdidamente enamorado. Sino por los nervios...

Me paré al lado de ella. Creo que sintió que yo me había acercado, pero ni siquiera miró.

- Hinageshi - dije


- Eh? Higuchi? -respondió. Noté que se había ruborizado un poco-


- Hinageshi... podría hablar con vos a la salida de clases? En el estacionamiento de los profesores estaría bien? 


No paraban de temblarme las manos. Pero hice un esfuerzo para no demostrarlo.

Kasumi puso una carita como de "iluminarse su expresión" por un segundo, pero luego miró hacia su cuaderno y finalmente me respondió

- Claro! Nos vemos allá!


Mi corazón latió más al oír esas palabras. Me sonrojé un poco. Eso sentí. También sonreía como idiota. Por suerte lo oculté al darme vuelta rápidamente. "Muy bien!" - dije sin mirarla - "nos vemos allá!"

Pude ver a Arakawa y a Tama levantando el pulgar mientras sonreían. Matsuyama ni siquiera levanto la cabeza. Pude ver a Hirano observando la escena y volteando hacia el frente cuando lo miré. Parecía enfadado. Pero luego hizo un ademán de "OK" con los dedos. Y Seto me miró y sonreía, pero parece que estaba transpirando. Quizás esas situaciones le daban vergüenza. Su timidez iba a hacerle la vida imposible si seguía así...

Pero eso no importaba. Había logrado hablar con Kasumi Hinageshi. 

Me sentía poderoso. Soberbio. Único.
Era raro, nunca antes había pensado demasiado en ella. Me gustaba, sí, pero no era una atracción mucho más fuerte que la que sentía por Karin, otra de nuestras compañeras. Por ponerlo simple, no había tenido más que una ligera calentura por ellas.
Y ahora las cosas se ponían a mil. A sabiendas de que esa chica linda era quien demostraba tener interés hacía que todo cobrara un repentino e inesperado giro.
Reitero, no creo estar enamorado, pero me impulsaba mucho el sentimiento de poder salir con ella.
Sólo quedaba esperar a que las clases terminaran.



Allí estaba yo, llegando al estacionamiento de los profes.

No había autos ya, exceptuando el del portero. Siempre se iba muy tarde, luego de ordenar todo.
Pude ver la silueta de Kasumi.
Aceleré el paso discretamente. No quería que pensara que estaba ansioso.
Debía verme cool.

- Qué... qué querías decirme? -Preguntó


- Hinageshi... vos me... me gustás mucho! Quiero salir con vos!


Esa fue la forma en que me declaré. Ahora que lo pienso fue bastante patética. Casi forzada.

El corazón me latía a mil. Imágenes de Hirano y otros pibes burlándose de mí porque todo habría sido un engaño cruzaron por mi cabeza.
Fueron 5 segundos intensos. Kasumi, decí algo, por favor. Más imágenes de humillación, no sólo de mis amigos sino de las lacras del curso como Amarao o Naoto riéndose en mi cara me ponían cada vez mas tenso... DECÍ ALGO YA!!!

- A mí también me gustás mucho, Higuchi! - dijo decidida y se lanzó hacia mí. Fue un abrazo precioso. No lo esperaba, tan directo. Kasumi parecía más reservada, más tímida. El abrazo me pareció impulsivo, pero eliminó por completo el nerviosismo que tenía. Tenía que reaccionar... o sería ir muy rápido? No importaba. Moví mi cara buscando la suya. Si le molestaba el ademán, Kasumi me apartaría...

Casi instintivamente nos besamos. No nos importaba si el portero se aparecía para irse a casa y nos veía.
En ese momento solamente estábamos... no, EXISTÍAMOS únicamente nosotros dos.

No recuerdo cuanto tiempo nos abrazamos. 

Luego nos miramos a los ojos durante otro rato.
El tiempo ya no importaba.
Que raro se sentía. Me gustaba Kasumi, pero nunca sentí atracción total. Ahora sí lo hacía.
Con todo mi cuerpo. Con todo mi ser. Ojalá y durase para siempre este momento.


Kasumi me apartó suavemente y dijo


- Tengo que ir al turno de limpieza del aula! Por favor esperame un momento así volvemos a casa juntos, Higuchi!


- No querés que te acompañe? Por mí no hay problema - dije


- No, no. Así está bien, voy a limpiar lo más rápido que pueda!


Era divina. Comenzó a correr en dirección a la escuela. Le grité


- Hey!.... Llamame "Ryu" si querés, Higuchi suena muy raro!


Sonrió y me dijo "Y a mí decime 'Kasumi', Ryu-chan!"


Ryu-chan. Sonaba muy bien. Pero sólo si lo decía ella...

Desapareció de mi vista, así que comencé a caminar. 
Era lógico que la esperara cerca de la entrada así no tenía que volver a buscarme.

Pensé en Hirano. Qué cara pondría cuando le cuente todo... Sentí algo de pena por él.

Luego pensé en mis amigos. Iba a verlos menos. Íbamos a separarnos un poco...
Pero no me importaba. 
Tenía una novia. Eso era lo importante ahora.
Si son mis amigos lo entenderán! Tampoco es que no nos veríamos más, no?



Entonces me sentí extraño. Fue como un parpadeo.

Todo se oscureció. En un instante.

Desperté algo adolorido.

Miré a mis alrededores.
Ya no estaba en el estacionamiento de la escuela.
Ni siquiera parecía la escuela.
Estaba en un edificio muy raro. Todo estaba perfectamente ordenado.
Había monitores en las paredes y neón en los zócalos. Había paneles con luces brillantes y botones que parpadeaban.
Parecía sacado de una película pochoclera.

- Dónde... est- no terminé de preguntarme dónde estaba cuando la cabeza me empezó a doler. Sentía que tenía algo sobre mi cabeza.

Palpé un poco. Tenía una gorra. Una gorra rara. Parecía cuadrada. Y parecía pesada, pero no la sentía como una molestia. No era de un material que yo haya tocado alguna vez, era más bien como algo rígido y hueco, pero no era de tela ni tejido...
Intenté quitarmela para verla, pero no pude.
Forcejeé un poco más. No había caso...
Me puse de pie y vi un espejo en la pared.
Efectivamente tenía una especie de gorra de cuero -pero que no era cuero- en la cabeza. De forma cuadrada. Y no podía quitármela.

En ese momento no me dí cuenta. Pero ya no estaba en casa. No era Japón.

Al menos no el Japón que conocemos...
Y fue en ese momento, cuando todo empezó...

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